Descripción
Miel cruda de tomillo
Mira, la miel de tomillo es una de las más clásicas de por aquí, es la de toda la vida. Lo primero que ves es el color, que tiene un tono ámbar muy cálido, a veces con unos reflejos rojizos que son muy característicos en la miel.
Pero lo que de verdad la define es el olor, que es súper intenso y se te queda en la nariz, un aroma que te recuerda al campo y a especias. Al probarla, es dulce, claro, pero no te empalaga nada porque tiene un puntito ácido al final que le da mucha gracia y hace que te dure el sabor.
La gente siempre la ha buscado mucho, sobre todo cuando llega el mal tiempo ya que es el típico remedio de la abuela, ya sabes, porque el tomillo como planta siempre se ha dicho que va genial para la garganta. Por eso se usa mucho para suavizarla cuando está irritada o para calmar esa tos tonta.
Ah, y una cosa importante. Esta miel es cruda, o sea, que está tal cual la sacan las abejas, no la hemos calentado ni nada. Por eso es normal que con el frío se ponga dura, ¡es la mejor señal! Si la quieres líquida, pues al baño maría pero con el fuego muy muy suave, que el agua no llegue a hervir, porque si la quemas le quitas todo lo bueno.
(Y oye, como todas las mieles puras, mejor no se la des a niños que tengan menos de un añito).




