Descripción
Miel de acacia
Si la miel tuviera realeza, la de acacia sería la reina, sin duda. Es la más fina y elegante que tenemos. Lo primero que te va a enamorar es que es súper cómoda: casi nunca cristaliza. Mientras otras mieles se ponen duras con el frío, esta se mantiene líquida mucho tiempo, siempre lista para echar un chorrito sin tener que pelearte con la cuchara.
De aspecto es preciosa, muy clarita, casi transparente. Pero lo mejor es el sabor. Es dulce, sí, pero muy suave, muy sutil. Tiene un toque ligero como a vainilla y nada de ese «rasca» en la garganta que tienen las mieles más fuertes. Es perfecta si te gusta endulzar el café, el té o la fruta, pero no quieres que todo te sepa a miel. Esta endulza sin cambiar el sabor de lo que comes.
Por eso mismo es la favorita de los niños (y de los no tan niños que son delicados para los sabores fuertes). Se la comen genial porque es suave y fácil de tragar.
También tiene una curiosidad importante: al tener mucha fructosa de forma natural, tiene un índice glucémico más bajo que otras mieles. Por eso mucha gente que tiene que vigilar el azúcar la prefiere (aunque ojo, pregúntale siempre a tu médico antes, que no deja de ser miel).
La tienes disponible en varios tamaños, desde el bote para probar hasta el formato ahorro si en casa sois muy golosos, y también en tarros premium que quedan de lujo para regalar.






